Apuntes sobre la resistencia
Foto:
Mauricio Mieres
Un hombre solo parado una semana, día y noche, sin dormir, sin comer casi,
en una de las esquinas más transitadas de la ciudad.
Sería un buen argumento para un cuento, pero no es cuento, sucedió de hecho
esta última semana de septiembre en Buenos Aires.
Podría decirse que ese hombre está loco o es un idiota, podría decirse que es uno de los desplazados,
de los que se han quedado afuera de todos los afueras, de esos que ya ni figuran en ninguna encuesta.
Pero no, en primer lugar habría que corregir: ese hombre no está solo.
Su nombre, Andrés Zerneri, es tal vez, en este caso, lo menos importante.
Lo importante son las miles de manos que lo sostuvieron, que le dieron fuerzas, que lo ayudaron a resistir.
Resistir: esa es la palabra, porque esta acción que llevó a cabo Zerneri puso en acto la resistencia
en sus múltiples formas. Resistencia del cuerpo, que aguantó unas condiciones extremas a las que fue sometido.
Resistencia a las fuerzas que nos llevan a flaquear, a abandonar la lucha. Resistencia a las críticas
de los que no conocen ni el verbo ni la acción de construir.
Andrés Zerneri estuvo desde el 5-9 al 10-9 ininterrumpidamente en Corrientes y Florida, CABA, juntando 500kgs
de bronce solidario para construir el Monumento a la Mujer Originaria, una obra de 10 mts de altura
homenaje a todos los pueblos originarios de nuestra tierra.
Así reflejarán los diarios lo que sucedió,
afectos como son a la grandilocuencia de los números. A mí me gusta pensar que hubo un grupo de personas,
el Movimiento Memoria y Organización, que impulsando el proyecto del Monumento a la Mujer Originaria,
logró que miles de personas, desinteresadamente, apoyaran y no dejaran caer a un hombre que decidió
soberanamente comprometerse con una causa.
Ese compromiso, que es el de todos los que queremos hacer realidad el MMO, implica resistir al poder
atacando su propia lógica. Implica cuestionar pensamientos heredados que nos han negado una parte
de nuestra historia. Implica llamar la atención para que aquellos que fueron invisibilizados
sean hoy reconocidos como se merecen y gocen plenamente de la totalidad de sus derechos.
Implica tener la madurez como pueblo para debatir quiénes somos y qué queremos para nuestro futuro.
Ese compromiso es una apuesta, no es la quijotada de un hombre solo, es la expresión de una voluntad colectiva
de construir para todos y todas una nación cada vez más justa e inclusiva.
Liliana Sotelo